domingo, 14 de agosto de 2011

Capítulo 6

Bueno, como casi en cada entrada, pido disculpas por el retraso y blablabla... No esperéis capítulos muy a menudo, ando floja de inspiración y eso me frustra mucho. Ah, y con esto no me queda nada en reserva, así que hasta que acabe otro capítulo no podré publicar. Y teniendo en cuenta al paso que voy, puedo tardar muuucho.


No puede ser, me dije. Era completamente imposible que hubiera estado en aquella casa. Llevaba el pijama puesto, y, a pesar de estar cubierta de sudor, sabía que no era por el calor de las llamas, sino por el terror causado por mi espantosa pesadilla. Pero ahora venía la pregunta del millón… ¿Había sido tan solo un sueño? Yo diría que no. Y lo mismo podía decir de la pesadilla que había tenido haría unos cinco días. Era una coincidencia demasiado grande.



            Pero entonces… ¿De qué se trataban? ¿Mensajes que me mandaba mi subconsciente, premoniciones o situaciones que pasaban mientras yo dormía? Recordé aquello que le pasaba a Harry Potter en los famosos libros de JK Rowling. Pero era imposible que se tratara de lo mismo. Yo no había tenido ninguna relación con Fitzpatrick hasta hacía apenas una semana. Además, aquello se trataba de una novela ficticia. Aunque tampoco es que los acontecimientos de los últimos días fueran muy convencionales. Supuse que hallaría la respuesta a mis preguntas en cuanto fuera al Nido del Cuervo.



***



            -Derek, me gustas mucho – susurré al oído del fantástico muchacho que permanecía sentado, agarrándome la mano (¡agarrándome la mano, a mí!), en la butaca contigua. Apartó la mirada de la pastelona película que se suponía que estábamos viendo y respondió.



            -Y tú a mí, Margott – ay, las palabras que tanto tiempo llevaba deseando oír – Estoy y estaré eternamente agradecido a Kyle por querer conocer a Christie. A fin de cuentas, gracias a él te he conocido a ti.



            Me reí tontamente. No podía evitar que me diera esa risita tan ridícula cuando me encontraba frente a Derek Matthews. Apoyé la cabeza en su hombro, y él siguió hablando.



            -Nunca pensé que me enamoraría a primera vista, ¿sabes? Siempre he sido de esos chicos que no creen en el amor. De los que piensan que es ridículo cómo la gente se vuelve ñoña cuando se enamora. Y ahora haría vomitar un arcoíris hasta a un unicornio rosa acostumbrado a llevar princesas de Disney a sus castillos de fantasía.



            Está vez me reí por la broma. Era una de las cosas que más me gustaban de Derek: su sentido del humor.



            -No seas tonto, no eres así para nada. ¿Recuerdas hace veinte minutos en las taquillas? Querías ver esa peli de zombis. Un adolescente acaramelado no habría protestado ni un segundo si su chica le hubiera dicho que quería ver esta película, es más, habría recogido firmas para convencerla si no estaba de acuerdo.



            -Cierto – dijo con una sonrisa en los labios. Con una deslumbrante sonrisa en sus sexys labios – Y tú tampoco querías ver esto. Entonces… ¿Qué hacemos aquí?



            Fácil. Christie y Kyle que harían vomitar a un unicornio rosa. Dos filas más adelante, se hacían carantoñas, reían con tan solo mirarse y parecerían insoportables a cualquier soltero. Ellos habían insistido en ver la película. Pero claro, a nosotros eso nos daba igual. Eran nuestros amigos; eran felices, éramos felices. Y además los entendíamos.

           

-Tienes razón – dije decidida. De repente, quería algo más de intimidad con Derek – Vayamos a fuera, estaremos a solas.



            Esbozó una sonrisa pícara como respuesta, y bajamos las escaleras lo más silenciosamente posible, eso sí, bien agarraditos de la mano, como tortolitos. Empecé a hacerme una idea de lo que tocaba ahora. Quizás un paseo, y morreos. Morreos seguro. Habíamos tenido ocasiones de sobra durante toda la tarde, pero, quién sabe por qué, no habíamos aprovechado. Quizás es que a ninguno nos gustaba que nos vieran besarnos en público.



            Fuimos en silencio durante el camino. Un duendecillo de dentro de mi cabeza empezó a susurrarme pensamientos pesimistas. Margott, ¿qué hay de lo de la otra noche? No has ido al Nido del Cuervo, no tienes forma de saber si aquello que viste pasó de verdad. Y no se lo has contado a nadie. Yo diría que es algo relevante, no deberías mantenerlo en secreto. Me respondí, intentando calmarme (Odio la bipolaridad… ¡Es tan maravillosa!). Oh vamos, fue un sueño extraño, pero puede esperar. Quizás los demás también tengan sueños de esos, porque de todas formas, yo no soy la Elegida definitiva, luego no puedo tener superpoderes superespeciales superchachimegaguays que los demás no tienen.



           

            -¿Marg? – la dulce y sexy voz de Derek me sacó de mis ensoñaciones - ¿Estás bien?

            Claro, ¿por qué no iba a estarlo? ¿Por el simple hecho de que todavía me duraba el miedo en el cuerpo por el surrealista sueño que había tenido la otra noche? Estaba perfectamente.



            -Sí, solo es que… - busqué las palabras correctas para no alarmarlo – Últimamente estoy bastante ausente. Ya sabes, exámenes… Chicos – sonreí pícara. – O, mejor dicho, chico.



            -O sea, que ocupo un cacho bien grande de tu mente – se paró, y yo con él. Y se fue acercando a mí, más y más. Casi me sacaba una cabeza, aunque claro, yo tampoco era muy alta, que digamos.



            Tiroriro tiroriro tiroriroriii.



            Puta melodía Nokia.



            -Disculpa – me aparté roja como un tomate y cogí el móvil. Era Pete – Oye, Pete, me pillas en mal momento y…



            -Margott, ¡esto es urgente! – sonaba alarmado. Ay, madre. – Fitzpatrick está en el hospital. Quemaduras de tercer grado. Parece ser que estaba…



            -En casa de Kirk – murmuré atónita. Pero… ¿Cuándo había pasado esto?



            -¿Cómo lo sabes? – dijo Pete patidifuso. Al ver que yo no contestaba, siguió hablando – Da igual, no tenemos tiempo. Quiere hablar con nosotros. Con todos… O, bueno, la mayoría – me imaginé a quién excluía eso.



            -Voy para allí. En el hospital, ¿verdad? – ni tan siquiera esperé una respuesta por parte de mi interlocutor y colgué el teléfono todavía en estado de shock. Me giré y me encontré los grises ojos de Derek escrutándome, interrogantes – Tengo que irme. Es… - no encontré una palabra convincente pero que a la vez no revelara toda la gravedad del asunto.



            -Margott, no soy tonto – Derek interrumpió mis cavilaciones con voz grave y severa - ¿Qué te pasa? Te pasas el día ausente y con la mirada sombría, cuando te pregunto siempre acabas cambiando de tema, parece que desconfías hasta de tu sombra, y lo que es peor, de mí – siguió mirándome, inquisitivo y… ¿nuclear?



            -Tengo que irme – repetí, evasiva. Esa respuesta no haría más que empeorar sus sospechas, pero no podía decirle la verdad. Aunque tampoco podía herirlo. No, esta vez no volvería a pasar…



            -Margott… - pero yo ya estaba marchando con paso decidido hacia el hospital situado en el centro, bajo la luz de una luna que, en cierto modo, recordaba a la sonrisa del gato de Cheshire, lo cual me hizo sentir observada.



            Aceleré el paso.