martes, 24 de mayo de 2011

Capítulo 5 (Parte 2)

Bien, antes que nada, quiero pedir perdón pon no publicar en taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaanto tiempo... Pero es que he andado liada, muy liada (trabajo de francés de 52 páginas, para empezar, y exámenes aparte) y no he tenido tiempo de escribir. Además, a pesar de tener el "cuerpo" de la historia bastante claro y tener hasta preparado un desenlace y un epílogo en mi cabecita, no tengo muy claro como llegar hasta un acontecimiento clave, y muchas otras cosas que pasan entre medio...
Así que es probable que siga tardando muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucho en publicar, lo siento muchísimo u.u'
Por eso os quiero recomendar un blog que me gusta mucho, y en el que se publica bastante más a menudo que en el mío... fightforrock.blogspot.com , echadle un vistazo, la espera se os hará más amena ;)

Un abrazo!

Metí por fin la llave en la cerradura, y nada más mis pies enfundados en mis ya míticas converse plateadas cruzaran el umbral de la puerta, mi madre ya estaba ejerciendo su papel de policía familiar.



-¿Dónde has estado?



-Con unos amigos – respondí.



-Ya, ¿Y qué amigos eran esos? Christie ha estado preguntando por ti.



-Unos que ella no conoce – era la verdad – De… de la revista – mi madre sabía de sobra que yo colaboraba con una revista online aportando críticas musicales, pero no creo que pensara que los conocía de verdad. Era una excusa mediocre, quizás estaba perdiendo facultades…



-¿Esa cosa en internet? – dijo con desconfianza - ¿Acaso los conoces en persona? Ya te he dicho un millón de veces que…



-Lo sé, que no quede con nadie que haya conocido por internet… Pero a estos los conocí en – vamos, Margott, improvisa y miente como tú sabes – un campamento. Hemos hecho una reunión para mantener el contacto, y aprovechando que Sue y Charlie estaban en la ciudad hemos quedado para hablar en persona – Eso está mejor – Te dejé una nota – añadí.



-Sí, pero estaba preocupada… -la verdad, no la culpo. Mi escueta nota tan solo decía “He salido, volveré pronto” y no dejaba ninguna aclaración. Sé que debería haber escrito algo como coartada para no alarmar a mis padres, pero como ya he mencionado antes, estaba perdiendo facultades fraudulentas.



Le dije que había quedado con Christie en media hora, y, aunque al principio se mostró reacia a dejarme marchar, al final me permitió bajar al parque con tal de que no me alejara demasiado y bajo la condición de que volviera pronto y no muriera o fuera secuestrada por el camino. Christie me recibió saltando de alegría.



-¡Kyle me pidió salir! – dijo eufórica - ¡Y le dije que sí! – Nos pusimos a gritar, a reír y a saltar como dos locas, lo cual no iba muy lejos de la realidad. Dos locas amigas celebrando la suerte amorosa de una de ellas, provocando una amnesia temporal que permitía a la otra olvidar sus paranormales problemas. Lo típico en adolescentes - ¿Y tú? ¿Qué tal con Derek?



Cogí aire con solemnidad, como una presentadora de televisión preparando el terreno antes de una gran noticia sensacional e internacional. Al menos para mí, era la noticia más sensacional que se le puede dar a una amiga.



-Creo que hemos conectado – dije, olvidando las formas que una presentadora de informativos debe guardar y pegando saltitos de alegría como lo haría una niña pequeña. Otra vez repetimos la escenita: Risas, gritos, saltos. Casi me dio un ataque al corazón cuando Christie me dijo que había quedado con Kyle el viernes, y que con una simple llamada se podía convertir en una cita doble - ¡Por mi genial! – Margott, no te emociones demasiado. Si te quedas muy pillada y Derek es de los Otros, la has liado parda. Calla, estúpida conciencia, deja que aproveche el momento.



***



-Así que tus fichas se están revelando – dijo una voz masculina, penetrante y misteriosa. Su propietario estaba oculto entre las sombras, y bajo la tenue luz lunar que se filtraba por la ventana, estaba Ellen Fitzpatrick, de pie y con mirada desafiante.



-Eso me temo – dijo. Su voz había perdido la falsa amabilidad que la solía caracterizar cuando hablaba a sus chicos – Debes ayudarme. Si ven que confías en mí, pensarán que no tengo nada que ocultar.



-Pero les estás ocultando cosas, Ellen – respondió la voz, sin perder ni un ápice la calma –. Prometí que me mantendría lejos de ti y de tus… discípulos, por así llamarlos. Sabes que yo no podría mantenerlos en la ignorancia, no lo soportaría.



-¡No hace falta que les digas nada! – saltó ella. Parecía histérica – Tan solo… tan solo actúa como si no tuvieran nada que saber. Piensa… piensa que todo es por su bien. Si se enteran estarán asustados, tendrán que cargar con un peso enorme y…



-Sabes que no piensas eso – intervino el hombre de las sombras – Sabes que  lo que quieres es que no se revelen contra ti y contra… Él. Sabes que Él te mataría si lo hicieran. Pero temo decirte, que te está saliendo el tiro por la culata.



-No les dirás nada, ¿verdad? – preguntó, temiéndose lo peor.



-¿Yo? No – Ellen Fitzpatrick suspiró aliviada, pero las siguientes palabras le crearon un incómodo nudo en el estómago – Tan solo si ellos vienen a mí, si me encuentran, podré responder sus preguntas. No pienso salir de mi casa, no puedo enfrentarme a lo que hay ahí afuera sin volverme loco. O más loco de lo que estoy.



Ellen Fitzpatrick alzó una ceja, pensando que nunca antes había visto a alguien tan emocionalmente equilibrado. De hecho, apreciaba una mejoría más que notable en el comportamiento de aquel hombre desde la última vez que lo había visto.



-Por favor, no les digas nada aunque vengan aquí – empezó a rogar Fitzpatrick. Y a desgana, pues no le gustaba nada rebajarse a un nivel tan bajo aun en las situaciones más desesperadas. Pero que Él se enterara de que había perdido el control sobre sus chicos… No, jamás lo permitiría.



-¡Fuera de mi casa! – saltó de repente el hombre de las sombras, no solo alzando la voz, sino alzándose él también. Su torso desnudo se veía ennegrecido casi hasta las costillas por unas Manchas que bajaban desde sus ojos acerados y llegaban también hasta sus codos bajando por los anchos hombros. Estaba sudando como si estuvieran en pleno agosto, y nada más que en el desierto del Sáhara, cuando se encontraban en pleno invierno y Ellen no paraba de tiritar… ¿Pero era a causa del frío? - ¡Fuera, no quiero que vuelvas por aquí, sucia harpía!



-Kirk, K-Kirk… - tartamudeó Ellen Fitzpatrick, muerta de miedo – No querrás hacerme daño, no querrás herir…



Pero era tarde. Kirk se abalanzó sobre la mujer que tiritaba delante de él, y se vieron rodeados por un círculo de llamas. Justo entonces abrí los ojos, sudorosa, y encendí la lámpara de noche. Me encontraba en mi casa, pero habría jurado que hacía un segundo estaba de pies, en una habitación envuelta por las llamas.