sábado, 15 de enero de 2011

Nuevo Blog!

Bueno, quería comentar algo: He creado un nuevo blog y me gustaría que echarais una ojeadita:

http://altgrfreak.blogspot.com/

Toda la información está en ese blog y ya he publicado un regalito ^^
Esto no afectará al funcionamiento de este blog, aunque entre los deberes, los exámenes etc., no tengo mucho tiempo para escribir...

Espero que os guste, para principios de febrero intentaré tener publicado otro capítulo ;)

domingo, 2 de enero de 2011

Dos Bandos: Capítulo 3

3. Harta de que todo vaya como en las películas

            “No. No, por favor” pensé. Nunca había considerado la probabilidad de que esto me pasara a mí. Pero me estaba pasando, y no tenía ninguna gracia. Siempre que se libraba alguna batalla milenaria había un Elegido, o una Elegida, da igual. Y ahora me había tocado. Siempre había pensado que estas cosas eran geniales. Ahora que lo estaba viviendo, comprobé que me equivocaba.

            -Dime que es una broma – contesté al muchacho –. Yo no quiero ser ningún tipo de líder.

            -Pues no estoy seguro del todo – me contestó, ahora no tan jocoso, una vez había visto lo preocupada que estaba –, pero con Jamie pasó algo parecido.

            -¿Jamie es la rubia? – pregunté. Esto me hacía necesitar una explicación…

           -Sí – me aclaró. Luego hizo algo que me hizo volver a creer que teníamos súper poderes o algo – Te explico: Hasta ahora Jamie era la líder, aunque antes que ella hubo alguien más. Cuando Ellen se enteró, fue a hablar con esa otra persona, creo, y luego le dio la noticia a Jamie. Es la más joven del grupo; solo tiene 14 años, y es la única.

            -Explícame eso último – dije, un poco confundida. Esta vez respondió la pelirroja.

            -Hay un chico y una chica con nuestras Manchas nacidos en cada año entre 1976 y 1996, excepto en el 1980 y el 1990, que no hay nadie con nuestras Manchas, al menos que nosotros sepamos. Y nacidos en el 1976 están Ellen y el antiguo líder. Bueno, el antiguo líder hace tiempo que se fue… Hace año y pico. Y Jamie es la única persona nacida en 1996. Creo que contigo ya estamos todos, a no ser que sí que haya gente con Manchas nacida en el 1990 y el 1980.

            Demasiada información para cinco minutos. Me senté en un taburete, intentando asimilar todo lo acontecido en ese breve lapso de tiempo… Había llegado al Nido del Cuervo con la intención de aclarar una duda lo más rápido posible, y me había encontrado con que iba a tener muchísima más responsabilidad de la que esperaba. Era algo así como la Elegida, pero antes de mí ya había habido otros dos Elegidos… ¿Por qué? Fitzpatrick no podría ocultármelo si yo iba a ser tan importante. Sí, ese era el lado bueno.

            -Margott… - me llamó Fitzpatrick. La hora de la verdad había llegado. El tête à tête definitivo que, esperaba, resolvería mis dudas– ¿Puedes venir un segundo?

            Murmuré un casi inaudible “claro” y la seguí. Me llevó a una estancia contigua. Me habló en voz baja, mirándome a los ojos. Sus Manchas me causaron más miedo del que nunca hicieron.

            -Margott, tengo que comunicarte que, si la cosa sigue tal y como pinta, en el momento decisivo – genial, ni me decía qué era ese momento… - tú serás nuestra mejor arma.

            Entré en estado de shock. Eso era lo que quería decir la Elegida, la líder o lo que fuera. En una lucha, tendría que ir en la primera línea de ataque. Expresé mi asombro y desconcierto.

            -¿Qué? ¿Si la cosa sigue como pinta? Explícate, Ellen.

            -Mira… - empezó. ¿Era cosa mía o tenía muchas muletillas de estas? – Cuanto más rápido es el desarrollo de la Manchas, más poder se tiene cuando llega el momento. Hasta ahora, Jamie era la más desarrollada, y antes que ella, un hombre llamado Kirk. Pero ahora, con tu caso, se ha dado algo inesperado e inexplicable… ¡Has saltado periodos! En el caso de Jamie las Manchas crecían con una velocidad alarmante, y lo mismo ocurría en el caso de Kirk. Pero esto… Si tus Manchas crecen de manera que si alcanzas el último periodo en menos de dos semanas, lo más probable es que no aparezca nadie más poderoso que tú. Y no digamos si alcanzas el último periodo sin que tus Manchas lleguen al tamaño requerido… Me muero de curiosidad…

            ¿Ella se moría de curiosidad? No me imagino cómo describiría Fitzpatrick mis sentimientos en ese preciso instante… La miré asustada. Pero un minúsculo rayo de esperanza afloró en mi interior… Esto no era definitivo.

            Me levanté sin decir palabra y volví a la habitación contigua. La gente todavía estaba mirando, y una joven de unos veintitrés años con el pelo negro azabache me preguntó:

            -¿Y bien?

            -Dice que soy nuestra mejor arma, en el caso de que llegue a la tercera fase en dos semanas o menos – dije, mirando al suelo. ¿Por qué a mí? Esas personas me acababan de conocer, y seguramente ya tendrían prejuicios de mí. Todo el mundo permaneció callado. Nadie me quería consolar, y por lo que se veía, nadie pensaba presentarse u ofrecerme a que lo hiciera yo. Pero el chico que había roto el hielo después de que Fitzpatrick se llevara a Jamie, volvió a hacerlo esta vez. Decidí que me caía bien. Y me pregunté otra vez si es que o bien tenía todo el mundo la habilidad de leer la mete, o si era verdad eso del señor malévolo escribiendo en cartelitos todo lo que pasaba por mi cabeza.

            -Bueno… ¿Y no nos va a decir nuestra mejor arma su nombre? – hubo una carcajada general, pero sé que no lo hizo por dejarme en ridículo – Yo soy Eddie. Te toca.

            Sonreí y me presenté. Margott, dieciséis años, estudiante, recién metida en este mundillo... soltera. La cosa fue mejor a partir de entonces. Fueron presentándose, y a medida que me decían unos nombres, se me olvidaban otros.

De las treinta y pocas personas que había allí, me quedé con Brenda,  una muchacha de pelo color miel muy rizado, que me sonrió muy ampliamente y parecía muy amable, de diecisiete años (me la presentaron al final); con Jessica, la pelirroja que antes me había llamado a la atención, diecinueve años; con Pete, un chaval bastante pecoso y con el pelo rubio pajizo, gastaba pequeñas e ingeniosas bromas cada dos por tres, quince años; Terry, la morena que me había preguntado antes, veintidós años (casi acierto, justo como con Jamie); y obviamente, con Eddie, el muchacho de color con sonrisa extra-blanca, que tenía diecisiete años, al igual que Brenda.

 Pero también me llamó la atención otro muchacho, que no se había levantado de la silla en la que estaba sentado, con los brazos cruzados y mirada desafiante. Sus Manchas eran enormes. Pregunté a Jessica.

            -Ah – dijo, ensombreciendo la mirada. Me pregunté qué habría hecho el chaval para que Jessica estuviera enfadada con él – Ése es Erick Radon. Vive enfadado con el mundo. No le hagas mucho caso.

            -Pero… - al notar que le miraba, probó suerte para ver si era verdad eso de que las miradas mataban. Por fortuna, el refrán tenía razón. Incomodada, me giré - ¿Qué le pasa? ¿Siempre ha sido así?

            -Que yo recuerde, sí – esta vez fue Brenda, y lo dijo sin rastro de su espléndida sonrisa – No le hagas caso, en serio. No hace más que meterse en líos. No es buena compañía. En serio.

            Sentí el impulso de volver a mirar, pero no lo hice, por miedo a otra de sus miradas asesinas. Recordé que el radón es un elemento químico, un gas noble. Y muy radioactivo. Eso me dio un nombre para su mirada asesina: La mirada nuclear. Tenía que decírselo a Pete, le encantaría mi ocurrencia.

            Pero Erick seguía mirándome mal, y yo no podía evitar sentirme fatal, atacada de alguna forma. Decidí intentar seguir los consejos de mis compañeros y hacer caso omiso (en la medida de lo posible) al misterioso Erick Radon. Así que lo mejor sería evitar pensar en él, mejor empezar cuanto antes. Estrategia: Cambiar radicalmente de tema, algo que me interesara más.

            -Oye… - dije, intentando aprovechar el hecho de que todos los allí presentes seguramente sabrían más que yo - ¿Ellen os ha dicho algo sobre qué nos diferencia de los Otros? Aparte de las Manchas, quiero decir.

            Eddie frunció un poco el ceño, supongo que como muestra de descontento ante la poca información de la que disponíamos todos.

            -No – respondió, confirmando mis sospechas –, pero estamos empezando a dudar de ella… - hum, interesante – Pensamos recopilar toda la información que podamos. No sabemos gran cosa. Simplemente, que la mayoría estamos de acuerdo en que ese momento del que habla Ellen será una batalla. Lo que no sabemos es qué está en juego. Hay demasiado misterio en todo este asunto…

            -Sí – dijo Pete, dejando sus características bromas aparte – No nos dice ni cuándo, ni por qué, ni cómo… No sabemos nada de los Otros. Tan solo Jamie, Radon, Megan y otros pocos ven las Manchas de los Otros.  Pero ellos tampoco saben gran cosa.

            -Pues a mí me dijo que cuando viera las Manchas de los Otros estaría preparada – intervine. Caí en la cuenta, de que seguramente sería una mentira grande y redonda como el mundo. Tonta de mí… ¿Cómo podía haberla creído?

            -A ti, y a todos – dijo una joven con el pelo castaño que no me había llamado la atención, con Manchas muy grandes. Más tarde me enteré de que era Terry – De momento yo solo sé que las Manchas de los otros las vemos poco más oscuras que su piel. Y no es precisamente porque me lo haya dicho Ellen.

            Seguimos exponiendo nuestras dudas y teorías, pero no llegamos a ninguna conclusión. Estuvo bien comprobar que no era la única que pensaba que Fitzpatrick nos ocultaba lo que nos ocultaba por algún oscuro motivo. Teníamos que indagar para saber cuál era ese motivo.

Antes de que oscureciera, me marché a casa. Pete me acompañó, puesto que no vivía muy lejos de mi barrio. Estuvimos charlando alegremente, y casi hasta el final, no aludimos ni a Fitzpatrick ni a las Manchas ni a los Otros. Casi hasta el final. Tuvimos una idea, el esqueleto de lo que podría ser un buen plan si lo desarrollábamos debidamente, que comunicaríamos a los demás en cuanto pudiéramos: A la mínima oportunidad que tuviéramos, entraríamos en el Nido del Cuervo e investigaríamos en el despacho que Fitzpatrick tenía en el piso de arriba. Con suerte quizás encontráramos alguna carta escrita hacia alguien que sí sabía algo o incluso mejor, una especie de “manual” con todo lo que necesitáramos saber… Porque si no… ¿Cómo sabía Fitzpatrick todo lo que ella sabía y no nos quería contar? Debíamos averiguarlo…

No llegué tarde a casa. Lo típico: mis padres me preguntaron que dónde había estado, bla bla bla… ¿Respuesta? Una mentira más bien rechoncha, si es que no obesa:

-En la biblioteca, necesitaba información para un trabajo – ouch, mierda… Estábamos en el siglo XXI, existía internet. Arregla eso ahora mismo, Margott – Íbamos a hacerlo en su casa – eso ha sonado mal – pero no funcionaba internet… Cosas que pasan, ¿no?