martes, 1 de noviembre de 2011

Sorpresita e___é

Pues bien, supongo que lo habréis notado, pero yo os lo digo: Hace siglos que no publico, y no es precisamente porque no quiera, es que me cuesta la vida ponerme a escribir y aunque tengo bastantes ideas en mi cabeza, a la hora de plasmarlas sobre el papel (o la pantalla, en este caso xD) me quedo bloqueada...

Así que os traigo una pequeña sorpresa: Una continuación alternativa de la mano de un amigo mío (@ComeasUare_ en Twitter, si lo queréis seguir xD). Se trata de un "desafío" que le propuse, ya que él sigue el blog, quería un nuevo capítulo y como yo no lo publicaba, me dijo que podría seguirla él... Así que yo le dí permiso para hacer su propia versión, la cual encontraréis en http://elnidodelcuerv0.blogspot.com/

Esto no quiere decir que yo dejaré de escribir, sino que ahí tendréis una versión alternativa, la cual os puede gustar más o menos que la mía y puede ser publicada con más o menos frecuencia (supongo que más, aunque espero que menos porque soy to' malosa y no quiero que me robe lectores xDD). Que la disfrutéis :)

Aprovecho para adelantar que en el próximo capítulo tendremos un pequeño cambio de perspectiva, CHAN CHAN CHAN... ¿Qué será?

domingo, 14 de agosto de 2011

Capítulo 6

Bueno, como casi en cada entrada, pido disculpas por el retraso y blablabla... No esperéis capítulos muy a menudo, ando floja de inspiración y eso me frustra mucho. Ah, y con esto no me queda nada en reserva, así que hasta que acabe otro capítulo no podré publicar. Y teniendo en cuenta al paso que voy, puedo tardar muuucho.


No puede ser, me dije. Era completamente imposible que hubiera estado en aquella casa. Llevaba el pijama puesto, y, a pesar de estar cubierta de sudor, sabía que no era por el calor de las llamas, sino por el terror causado por mi espantosa pesadilla. Pero ahora venía la pregunta del millón… ¿Había sido tan solo un sueño? Yo diría que no. Y lo mismo podía decir de la pesadilla que había tenido haría unos cinco días. Era una coincidencia demasiado grande.



            Pero entonces… ¿De qué se trataban? ¿Mensajes que me mandaba mi subconsciente, premoniciones o situaciones que pasaban mientras yo dormía? Recordé aquello que le pasaba a Harry Potter en los famosos libros de JK Rowling. Pero era imposible que se tratara de lo mismo. Yo no había tenido ninguna relación con Fitzpatrick hasta hacía apenas una semana. Además, aquello se trataba de una novela ficticia. Aunque tampoco es que los acontecimientos de los últimos días fueran muy convencionales. Supuse que hallaría la respuesta a mis preguntas en cuanto fuera al Nido del Cuervo.



***



            -Derek, me gustas mucho – susurré al oído del fantástico muchacho que permanecía sentado, agarrándome la mano (¡agarrándome la mano, a mí!), en la butaca contigua. Apartó la mirada de la pastelona película que se suponía que estábamos viendo y respondió.



            -Y tú a mí, Margott – ay, las palabras que tanto tiempo llevaba deseando oír – Estoy y estaré eternamente agradecido a Kyle por querer conocer a Christie. A fin de cuentas, gracias a él te he conocido a ti.



            Me reí tontamente. No podía evitar que me diera esa risita tan ridícula cuando me encontraba frente a Derek Matthews. Apoyé la cabeza en su hombro, y él siguió hablando.



            -Nunca pensé que me enamoraría a primera vista, ¿sabes? Siempre he sido de esos chicos que no creen en el amor. De los que piensan que es ridículo cómo la gente se vuelve ñoña cuando se enamora. Y ahora haría vomitar un arcoíris hasta a un unicornio rosa acostumbrado a llevar princesas de Disney a sus castillos de fantasía.



            Está vez me reí por la broma. Era una de las cosas que más me gustaban de Derek: su sentido del humor.



            -No seas tonto, no eres así para nada. ¿Recuerdas hace veinte minutos en las taquillas? Querías ver esa peli de zombis. Un adolescente acaramelado no habría protestado ni un segundo si su chica le hubiera dicho que quería ver esta película, es más, habría recogido firmas para convencerla si no estaba de acuerdo.



            -Cierto – dijo con una sonrisa en los labios. Con una deslumbrante sonrisa en sus sexys labios – Y tú tampoco querías ver esto. Entonces… ¿Qué hacemos aquí?



            Fácil. Christie y Kyle que harían vomitar a un unicornio rosa. Dos filas más adelante, se hacían carantoñas, reían con tan solo mirarse y parecerían insoportables a cualquier soltero. Ellos habían insistido en ver la película. Pero claro, a nosotros eso nos daba igual. Eran nuestros amigos; eran felices, éramos felices. Y además los entendíamos.

           

-Tienes razón – dije decidida. De repente, quería algo más de intimidad con Derek – Vayamos a fuera, estaremos a solas.



            Esbozó una sonrisa pícara como respuesta, y bajamos las escaleras lo más silenciosamente posible, eso sí, bien agarraditos de la mano, como tortolitos. Empecé a hacerme una idea de lo que tocaba ahora. Quizás un paseo, y morreos. Morreos seguro. Habíamos tenido ocasiones de sobra durante toda la tarde, pero, quién sabe por qué, no habíamos aprovechado. Quizás es que a ninguno nos gustaba que nos vieran besarnos en público.



            Fuimos en silencio durante el camino. Un duendecillo de dentro de mi cabeza empezó a susurrarme pensamientos pesimistas. Margott, ¿qué hay de lo de la otra noche? No has ido al Nido del Cuervo, no tienes forma de saber si aquello que viste pasó de verdad. Y no se lo has contado a nadie. Yo diría que es algo relevante, no deberías mantenerlo en secreto. Me respondí, intentando calmarme (Odio la bipolaridad… ¡Es tan maravillosa!). Oh vamos, fue un sueño extraño, pero puede esperar. Quizás los demás también tengan sueños de esos, porque de todas formas, yo no soy la Elegida definitiva, luego no puedo tener superpoderes superespeciales superchachimegaguays que los demás no tienen.



           

            -¿Marg? – la dulce y sexy voz de Derek me sacó de mis ensoñaciones - ¿Estás bien?

            Claro, ¿por qué no iba a estarlo? ¿Por el simple hecho de que todavía me duraba el miedo en el cuerpo por el surrealista sueño que había tenido la otra noche? Estaba perfectamente.



            -Sí, solo es que… - busqué las palabras correctas para no alarmarlo – Últimamente estoy bastante ausente. Ya sabes, exámenes… Chicos – sonreí pícara. – O, mejor dicho, chico.



            -O sea, que ocupo un cacho bien grande de tu mente – se paró, y yo con él. Y se fue acercando a mí, más y más. Casi me sacaba una cabeza, aunque claro, yo tampoco era muy alta, que digamos.



            Tiroriro tiroriro tiroriroriii.



            Puta melodía Nokia.



            -Disculpa – me aparté roja como un tomate y cogí el móvil. Era Pete – Oye, Pete, me pillas en mal momento y…



            -Margott, ¡esto es urgente! – sonaba alarmado. Ay, madre. – Fitzpatrick está en el hospital. Quemaduras de tercer grado. Parece ser que estaba…



            -En casa de Kirk – murmuré atónita. Pero… ¿Cuándo había pasado esto?



            -¿Cómo lo sabes? – dijo Pete patidifuso. Al ver que yo no contestaba, siguió hablando – Da igual, no tenemos tiempo. Quiere hablar con nosotros. Con todos… O, bueno, la mayoría – me imaginé a quién excluía eso.



            -Voy para allí. En el hospital, ¿verdad? – ni tan siquiera esperé una respuesta por parte de mi interlocutor y colgué el teléfono todavía en estado de shock. Me giré y me encontré los grises ojos de Derek escrutándome, interrogantes – Tengo que irme. Es… - no encontré una palabra convincente pero que a la vez no revelara toda la gravedad del asunto.



            -Margott, no soy tonto – Derek interrumpió mis cavilaciones con voz grave y severa - ¿Qué te pasa? Te pasas el día ausente y con la mirada sombría, cuando te pregunto siempre acabas cambiando de tema, parece que desconfías hasta de tu sombra, y lo que es peor, de mí – siguió mirándome, inquisitivo y… ¿nuclear?



            -Tengo que irme – repetí, evasiva. Esa respuesta no haría más que empeorar sus sospechas, pero no podía decirle la verdad. Aunque tampoco podía herirlo. No, esta vez no volvería a pasar…



            -Margott… - pero yo ya estaba marchando con paso decidido hacia el hospital situado en el centro, bajo la luz de una luna que, en cierto modo, recordaba a la sonrisa del gato de Cheshire, lo cual me hizo sentir observada.



            Aceleré el paso.




martes, 24 de mayo de 2011

Capítulo 5 (Parte 2)

Bien, antes que nada, quiero pedir perdón pon no publicar en taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaanto tiempo... Pero es que he andado liada, muy liada (trabajo de francés de 52 páginas, para empezar, y exámenes aparte) y no he tenido tiempo de escribir. Además, a pesar de tener el "cuerpo" de la historia bastante claro y tener hasta preparado un desenlace y un epílogo en mi cabecita, no tengo muy claro como llegar hasta un acontecimiento clave, y muchas otras cosas que pasan entre medio...
Así que es probable que siga tardando muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucho en publicar, lo siento muchísimo u.u'
Por eso os quiero recomendar un blog que me gusta mucho, y en el que se publica bastante más a menudo que en el mío... fightforrock.blogspot.com , echadle un vistazo, la espera se os hará más amena ;)

Un abrazo!

Metí por fin la llave en la cerradura, y nada más mis pies enfundados en mis ya míticas converse plateadas cruzaran el umbral de la puerta, mi madre ya estaba ejerciendo su papel de policía familiar.



-¿Dónde has estado?



-Con unos amigos – respondí.



-Ya, ¿Y qué amigos eran esos? Christie ha estado preguntando por ti.



-Unos que ella no conoce – era la verdad – De… de la revista – mi madre sabía de sobra que yo colaboraba con una revista online aportando críticas musicales, pero no creo que pensara que los conocía de verdad. Era una excusa mediocre, quizás estaba perdiendo facultades…



-¿Esa cosa en internet? – dijo con desconfianza - ¿Acaso los conoces en persona? Ya te he dicho un millón de veces que…



-Lo sé, que no quede con nadie que haya conocido por internet… Pero a estos los conocí en – vamos, Margott, improvisa y miente como tú sabes – un campamento. Hemos hecho una reunión para mantener el contacto, y aprovechando que Sue y Charlie estaban en la ciudad hemos quedado para hablar en persona – Eso está mejor – Te dejé una nota – añadí.



-Sí, pero estaba preocupada… -la verdad, no la culpo. Mi escueta nota tan solo decía “He salido, volveré pronto” y no dejaba ninguna aclaración. Sé que debería haber escrito algo como coartada para no alarmar a mis padres, pero como ya he mencionado antes, estaba perdiendo facultades fraudulentas.



Le dije que había quedado con Christie en media hora, y, aunque al principio se mostró reacia a dejarme marchar, al final me permitió bajar al parque con tal de que no me alejara demasiado y bajo la condición de que volviera pronto y no muriera o fuera secuestrada por el camino. Christie me recibió saltando de alegría.



-¡Kyle me pidió salir! – dijo eufórica - ¡Y le dije que sí! – Nos pusimos a gritar, a reír y a saltar como dos locas, lo cual no iba muy lejos de la realidad. Dos locas amigas celebrando la suerte amorosa de una de ellas, provocando una amnesia temporal que permitía a la otra olvidar sus paranormales problemas. Lo típico en adolescentes - ¿Y tú? ¿Qué tal con Derek?



Cogí aire con solemnidad, como una presentadora de televisión preparando el terreno antes de una gran noticia sensacional e internacional. Al menos para mí, era la noticia más sensacional que se le puede dar a una amiga.



-Creo que hemos conectado – dije, olvidando las formas que una presentadora de informativos debe guardar y pegando saltitos de alegría como lo haría una niña pequeña. Otra vez repetimos la escenita: Risas, gritos, saltos. Casi me dio un ataque al corazón cuando Christie me dijo que había quedado con Kyle el viernes, y que con una simple llamada se podía convertir en una cita doble - ¡Por mi genial! – Margott, no te emociones demasiado. Si te quedas muy pillada y Derek es de los Otros, la has liado parda. Calla, estúpida conciencia, deja que aproveche el momento.



***



-Así que tus fichas se están revelando – dijo una voz masculina, penetrante y misteriosa. Su propietario estaba oculto entre las sombras, y bajo la tenue luz lunar que se filtraba por la ventana, estaba Ellen Fitzpatrick, de pie y con mirada desafiante.



-Eso me temo – dijo. Su voz había perdido la falsa amabilidad que la solía caracterizar cuando hablaba a sus chicos – Debes ayudarme. Si ven que confías en mí, pensarán que no tengo nada que ocultar.



-Pero les estás ocultando cosas, Ellen – respondió la voz, sin perder ni un ápice la calma –. Prometí que me mantendría lejos de ti y de tus… discípulos, por así llamarlos. Sabes que yo no podría mantenerlos en la ignorancia, no lo soportaría.



-¡No hace falta que les digas nada! – saltó ella. Parecía histérica – Tan solo… tan solo actúa como si no tuvieran nada que saber. Piensa… piensa que todo es por su bien. Si se enteran estarán asustados, tendrán que cargar con un peso enorme y…



-Sabes que no piensas eso – intervino el hombre de las sombras – Sabes que  lo que quieres es que no se revelen contra ti y contra… Él. Sabes que Él te mataría si lo hicieran. Pero temo decirte, que te está saliendo el tiro por la culata.



-No les dirás nada, ¿verdad? – preguntó, temiéndose lo peor.



-¿Yo? No – Ellen Fitzpatrick suspiró aliviada, pero las siguientes palabras le crearon un incómodo nudo en el estómago – Tan solo si ellos vienen a mí, si me encuentran, podré responder sus preguntas. No pienso salir de mi casa, no puedo enfrentarme a lo que hay ahí afuera sin volverme loco. O más loco de lo que estoy.



Ellen Fitzpatrick alzó una ceja, pensando que nunca antes había visto a alguien tan emocionalmente equilibrado. De hecho, apreciaba una mejoría más que notable en el comportamiento de aquel hombre desde la última vez que lo había visto.



-Por favor, no les digas nada aunque vengan aquí – empezó a rogar Fitzpatrick. Y a desgana, pues no le gustaba nada rebajarse a un nivel tan bajo aun en las situaciones más desesperadas. Pero que Él se enterara de que había perdido el control sobre sus chicos… No, jamás lo permitiría.



-¡Fuera de mi casa! – saltó de repente el hombre de las sombras, no solo alzando la voz, sino alzándose él también. Su torso desnudo se veía ennegrecido casi hasta las costillas por unas Manchas que bajaban desde sus ojos acerados y llegaban también hasta sus codos bajando por los anchos hombros. Estaba sudando como si estuvieran en pleno agosto, y nada más que en el desierto del Sáhara, cuando se encontraban en pleno invierno y Ellen no paraba de tiritar… ¿Pero era a causa del frío? - ¡Fuera, no quiero que vuelvas por aquí, sucia harpía!



-Kirk, K-Kirk… - tartamudeó Ellen Fitzpatrick, muerta de miedo – No querrás hacerme daño, no querrás herir…



Pero era tarde. Kirk se abalanzó sobre la mujer que tiritaba delante de él, y se vieron rodeados por un círculo de llamas. Justo entonces abrí los ojos, sudorosa, y encendí la lámpara de noche. Me encontraba en mi casa, pero habría jurado que hacía un segundo estaba de pies, en una habitación envuelta por las llamas.


domingo, 10 de abril de 2011

Dos Bandos: Capítulo 5 (Parte 1)

Planes, planes, planes

-Veréis, creo que tiene que haber alguien que esté dando órdenes a Fitz… A Ellen – dije con decisión cuando hube captado la atención de todos. Era domingo por la mañana, y a pesar de la temprana hora de nuestra reunión, había acudido bastante gente. Estaban la mayoría cuyos nombres recordaba, excepto Jamie (lo cual me asombró) y Radon (esto ya no tanto), además de muchos otros de los que recordaba más bien nada. Al principio me había quedado perpleja al comprobar que tanta gente me tomaba en serio a pesar de ser la nueva y todo eso – Ella es como nosotros… Me refiero a que alguien le tuvo que explicar todo lo que sabe. Alguien quiere que seamos su ejército.

-Sí, eso mismo pienso yo – dijo un tipo de tez tostada y rizos negros – Hay alguien que nos necesita… Llamémoslo “rey”. Ellen es su “general” y nosotros sus “soldados”. Por así decirlo – se encogió de hombros después de que todos le miraran con ojos interrogantes.

-Pero el problema es – proseguí – que no tenemos forma de encontrarlo.

Hubo un silencio sepulcral durante un minuto escaso, en el que supuse que todos estaríamos pensando lo mismo: ¿Cómo descubrir quién podía aclarar nuestras dudas? ¿Había alguna posibilidad de llevar a cabo el plan que Pete y yo teníamos en mente?

-¿Y Kirk? – saltó de pronto una aguda voz femenina. Levanté la vista y me extrañó no haberme fijado antes en la chica que hablaba: Su pelo era corto, exceptuando el flequillo, que casi le tapaba los ojos castaños rodeados de unas Manchas no mucho mayores que las mías; pero lo más llamativo era su color: azul intenso. Ella siguió hablando una vez hubo conseguido la atención de todos – Él lleva metido en esto el mismo tiempo que Fitzpatrick. Quizás sepa algo.

Me dieron ganas de abrazar a la chica peliazul. Ésa era la solución. Ahora, el problema estaba en localizar a Kirk y en si éste nos respondería. Manifesté mi duda a mis compañeros.

-Bueno – dijo Eddie esta vez –, Pete me contó lo de que pensabais hurgar en el despacho de Ellen. Quizás tenga ahí la dirección de Kirk o algo que nos sirva para aclarar nuestras dudas.

Hubo un murmullo de aprobación por la sala. Me alegró ver lo dispuestos que estaban todos a romper las normas con tal de aclarar las cosas. Sonreí.

-¡Tsss! – chistó Jessica – Ellen duerme en el piso de arriba. Procurad no hacer ruido, no queremos que nos descubra.

Entonces bajamos la voz, porque obviamente no queríamos ser descubiertos con las manos en la masa, y mucho menos por Fitzpatrick. La chica peliazul comentó que quizás no estaría fuera de lugar celebrar nuestras reuniones privadas en algún otro lugar, pero como no disponíamos de ningún sitio al que darle ese uso, decidimos quedarnos donde estábamos.

-¿Qué os parece si vamos al despacho de Ellen ahora? – comentó Pete – Está dormida, y quién sabe si tendremos otra oportunidad para entrar a fisgar.

Creo que la mayoría asentimos, y también supongo que todos pensamos lo mismo: Ya voy yo. Pero no podíamos ir todos, así que como Pete lo había propuesto, fue él a husmear acompañado por Dominique, la chica peliazul.

***
-¿Qué habéis encontrado? – inquirió Brenda nada más Pete y Dominique hubieran cruzado el umbral de la puerta y entrado en el salón - ¿Por qué habéis tardado tan poco?

-Oh, pues hemos encontrado un mundo maravilloso parecido a Narnia – se mofó Pete –. Hemos hablado con unos extraterrestres que andaban por allí de paso y nos han comentado que mañana vienen a invadirnos, y que podemos ir con ellos a su planeta natal.

Dominique, que estaba cruzada de brazos detrás de su acompañante, alzó una ceja y dijo, poniendo los ojos en blanco:

-El despacho estaba cerrado. Pero los extraterrestres eran muy majos – añadió, siguiéndole el juego a Pete.

Nos quedamos ahí, pensando. ¿Qué podíamos hacer ahora? Como no se nos ocurría nada, decidimos disolver la reunión, prometiendo que cada uno intentaría encontrar un modo de averiguar cómo conseguir ponernos en contacto con Kirk, y que si lo encontraba, se lo haría saber inmediatamente al resto.

***
Me despedí de Pete en cuanto llegamos a mi portal. Supuse que él también estaba decepcionado: No iba a ser tan fácil como creíamos cazar a Fitzpatrick. Metí la llave en su cerradura y giré la muñeca para abrir la puerta. Subí los escalones que me llevaban al primer piso a desgana, y volví a coger las llaves para abrir la puerta de casa. Justo entonces la típica melodía Nokia sonó. Venía te mi bolsillo.  Tengo que cambiar ese tono, me dije. Era Christie.

-¡Marg! – resonó su voz al otro lado del teléfono - ¿Dónde estabas? He estado llamando a tu casa, pero cuando por fin me ha cogido tu madre, me ha dicho que no…

-Christie, ahora mismo estoy a punto de entrar en casa – la corté. Mi amiga tenía la costumbre de precipitarse y sacar demasiadas conclusiones erróneas - ¿Ha pasado algo malo?

-Emm… No. Sólo quería hablar contigo… ¡Te tengo que contar qué tal me fue anoche! – su voz dejaba ver con claridad el entusiasmo que la embargaba – Y espero que tú también tengas algo que contarme… - añadió pícara.

-¡Por supuesto! – dije emocionada. No podía esperar a contárselo, pero primero debía entrar en casa y mostrarme viva ante mis padres - ¿Quedamos dentro de media hora en el parque? ¿Estás lista?

-¡Claro! Está bien, nos vemos enseguida… ¡No tardes!

viernes, 4 de marzo de 2011

Dos Bandos: Capítulo 4 (Parte 2)

Así que ahí nos quedamos, Derek y yo, sin saber bien qué decir, y, por qué no decirlo, bastante incomodados. Lo miré durante medio segundo, evaluando su estado de ánimo.

-Esto… - yo no pensaba quedarme lo que faltaba de noche ahí de pies, callada, sin mediar palabra y esperando a que él hablara. Además era mono… - Podemos ir a sentarnos – sugerí, de forma no demasiado convincente - , ya sabes, estar de pies no está entre  mis pasatiempos favoritos.

-No, tampoco entre los míos – dijo con una pícara sonrisa. Dios, que cambio. En cuestión de nanosegundos había pasado de ser un chico completamente tímido a querer tomarme el pelo como si me conociera desde los cinco años…

Así que nos sentamos en una mesa, los dos solos, y creo que ahí empecé a notar el feeling. Era un chico hablador y divertido, después de todo, y yo me sentía cómoda con él, al contrario de lo que había pensado. Ojalá que Christie vuelva a necesitar mis favores para ligar con el tal Kyle.

Tal como cabía esperar, nuestros respectivos amigos no volvieron hasta que la fiesta estaba a punto de acabar, pero tampoco es que a nosotros nos importara demasiado no estar con ellos…

-¿Sabes? – me dijo en un momento dado – Soy un crack diciendo cosas profundas.

-¿Ah, sí? – lo piqué – Seguro que yo puedo decir algo más profundo que tú.

-Prueba suerte, pequeña – dijo acercándose más a mí, y por un  momento pensé que me iba a besar. Pero no lo hizo, así que yo le contesté con un chiste de andar por casa que le oí a Pete.

-Subsuelo – sonreí.

-Ja – dijo arrugando los labios y esbozando una sonrisa torcida – La fosa de las Marianas – no pude evitar reírme, porque obviamente no había caído antes y él lo dijo sin alterarse lo más mínimo, lo cual hizo que mi risa fuera más descontrolada de lo que a mí me habría gustado.

Así que yo esa noche había olvidado por completo mis preocupaciones, y no podía sentirme mejor. Cuando llegué a casa mi hermana estaba despierta esperando. Nuestros padres estaban fuera en una cena con los amigos, y como buena hermana que era Denny, supo con mirarme a los ojos que una felicidad poco común me rondaba.

-Tú estás enamorada – me dijo sonriente. Hacía tiempo que no me veía así, concretamente desde que había roto con mi ex novio dos años atrás. Desde entonces había dejado de confiar prácticamente en todos los hombres que mostraban más interés de lo normal por mí. Pero supongo que cualquier hermana que se precie detecta estas cosas. Me tomé mi tiempo en contestar.

-Es fantástico. Me hace sentir genial.

Mi hermana sonrió dulcemente. Vino, me pasó un brazo por encima de los hombros y me pidió que le contara todo: Cómo era, cómo se llamaba… No pude evitar que mi descripción fuera idealizadora, pero hacía mucho que no me enamoraba, y mucho menos tan rápido.

-Oh, Denny – dije con la voz saturada de euforia – Ojala lleguemos lejos. Yo lo quiero, y creo que él también me quiere a mí. Pero no quiero que esto acabe como la última vez…

Me ahorré decirle que podía acabar peor, porque esta vez, había que añadir el hecho de que el chico al que tanto quería fuera mi enemigo en un futuro quién sabe si tan lejano como cabía esperar.

-Vamos, Marg – me animó – es muy pronto para preocuparse por ello. Ahora sabes que tienes que exprimir cada segundo que pases con él.

No era lo mejor que podría decirme en ese momento, pero lo di por bueno, ya que como consejo no estaba del todo mal. Se lo agradecí y me fui a la cama, feliz de haber desconectado por lo menos durante unas horas, pero preocupada por los viejos temores que volvían con fuerzas renovadas.

Esto no debía durar más. Cogí el teléfono y marqué el número de Pete, que había tenido la amabilidad de dármelo cuando vino conmigo a casa.

-Pete, avisa a todos los que puedas – supuse que no haría falta excluir a Radon de la lista de invitados – de que mañana por la mañana tenemos que hablar seriamente sobre qué nos oculta Fitzpatrick. Necesitamos un plan.

-Va-vale – dijo sorprendido. No me extrañó demasiado, quizás había sido demasiado directa. Pero eso no importaba – Se lo diré a los que pueda, no sé si podré contactar con todos.

-Gracias – a falta de nada más que decir, decidí que lo mejor era despedirse por aquel día – Tengo que colgar, nos vemos mañana.

-Sí, adiós – dijo, todavía en estado de shock por la decisión con la que hablaba. Quizás después de todo no estuviera tan mal estar al mando. Aunque, me recordé, eso sería en caso de batalla.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Dos Bandos: Capítulo 4 (Parte 1)

Bueno, lo pormetido es deuda: Dije que para principios de mes tendríais capítulo nuevo, y aquí está. Lo malo es, que no estoy teniendo mucho tiempo últimamente, y estoy en una especie de "punto muerto" de la historia en el que no encuentro la inspiración que hasta ahora me acompañaba... :(
Eso sí, no os preocupéis, porque una vez este bachecito supongo poder mantener el ritmo. El caso es que me queda un capítulo "en reserva", menos de lo que me gustara, así que os dejo aquí la primera parte del cuarto capítulo...

4. PESADILLA

 Aquella noche soñé. ¿Que con qué? Pues con ovejitas happy que brincaban por el campo, ¿con qué sino? Ah, sí. Quizás con esto otro…

Corría por las calles de las afueras. ¿Hacia dónde? Pues hacia el Nido del Cuervo. Pero las calles estaban infestadas de gente con Manchas… Que no eran negras, sino como si se hubieran echado protector solar en todo el cuerpo excepto alrededor de los ojos… Estaba rodeada de mis enemigos. Me miraban, me señalaban y se cuchicheaban cosas entre ellos… Entonces yo chocaba contra uno de ellos, que resultaba ser un perfecto clon de Erick Radon. Luego toda la calle se giraba, y resultaban ser todos iguales. Me rodeaban, con sus miradas nucleares acechándome y sin poder hacer yo nada para evitarlo.

Pero justo entonces, un ángel negro bajaba del cielo y me cogía en volandas, me metía en el Nido del Cuervo, donde me esperaba Fitzpatrick, más terrorífica de lo que ella podría llegar a soñar, me ponía unos grilletes, me metía en un extraño sótano oculto en la casa, echaba la llave, me dejaba allí tirada, y justo antes de despertar horrorizada y sudorosa, una voz fría y fantasmagórica me decía las siguientes palabras:

Sueña, pequeño peón.

¿Qué? Obviamente que yo era un peón de aquel juego… Pero, ¿De quién era esa voz? No de mi profesora sustituta, estaba claro… ¿Había alguien que diera órdenes a Fitzpatrick? No había forma de saberlo. Dicen que los sueños son mensajes del subconsciente (porque ya lo único que faltaba era que tuviera premoniciones)… ¿Estaba el fondo de mi mente intentando decirme algo? De ese sueño solo podía sacar que Fitzpatrick y Radon estaban en bandos distintos… Y que no podía confiar en ninguno de ellos. Pero yo eso ya lo sabía.

¿Y el ángel negro? Quizás ese alguien que estaba detrás de Fitzpatrick…

Pero en todo caso… ¿Qué más daba? Era un sueño. Premonición o no, no me aportaba mucha información, tan solo era una pesadilla…

Así que me levanté de la cama, y me senté en la silla mirando por la ventana. Se me había olvidado bajar la persiana, así que a través de la oscuridad de la noche, podía ver las calles desiertas bajo la tenue luz de la luna. No había nadie. Pensé en preparar una bebida caliente, leche, chocolate o ideas afines. Pero no me apetecía levantarme. Miré el reloj despertador. Las cuatro de la madrugada. Me quedaban tres horas de las que, aunque me costó, conseguí emplear dos en dormir la mona.

La mañana siguiente no fue nada fuera de lo común. No tenía clase de historia, así que no vi a Fitzpatrick. Christie me habló sobre una fiesta que iba a organizar el siguiente sábado, con motivo de celebrar su decimosexto cumpleaños. Pensé que algo de mundo real no me vendría mal. A pesar de ello, el mundo fantástico no dejó de ocupar el 99% de mi mente, dejando el 1% restante a los pestañeos y las respiraciones.

Aquella semana las clases de Historia se me hicieron insoportables: me sentía constantemente vigilada por Fitzpatrick y no veía el momento en que la baja de nuestra habitual profesora llegara a su fin, lo cual era raro en mí porque la profesora titular nunca había estado en mi lista de favoritos. A pesar de todo eso, el sábado llegó. No sé si hice bien en ponerme tacones cuando mis pies llevaban tanto tiempo sin tocar la tierra… Pero aquella noche el objetivo era pasármelo lo mejor posible. Y tanto que bien.

Yo nunca había tenido mucha experiencia en cuanto a chicos. De hecho, esa poca que tenía se trataba de clases express adquiridas jugando a la botella en los últimos cursos de primaria y de una fallida relación que prefiero no recordar. Pero aquella noche…

-Marg, tengo que decirte una cosa – me dijo Christie. Al principio pensé que se trataría de algo malo, pero no fue el caso - ¿Ves a ese chico de ahí?

-Sí – respondí – ¿El alto y moreno? – ella asintió.

-Bien, pues tiene un amigo – ya, se le veía el plumero. Yo me quedaría con el amigo mientras ella flirteaba con su bomboncito – Y es bastante mono… - me dio dos golpecitos con el codo en las costillas. Crucé los dedos para que eso de mono no fuera una excusa barata para engatusarme – Puedes quedarte con él mientras yo… Bueno, ya sabes – me guiñó un ojo con esa complicidad que tanto nos había unido hasta el momento.

Claro. Yo ya sabía. Había invitado a esos dos para ligar con su amor platónico. Estupendo.

Así que nos acercamos a los dos muchachos y empezó a hablar ella. Miré al sujeto que me correspondía a mí, y resultó que no estaba tan mal. Él también estaba mirándome. Era un tipo que no llamaba mucho la atención; ondas castañas no muy largas, y una vez me fijé, descubrí unos ojos grises fuera de lo común, lo cual me hizo cambiar de opinión respecto a aquello de que no llamaba la atención, a pesar de no ser muy alto ni tampoco especialmente musculoso.

-Hola, Kyle – saludó Christie. El chico alto y moreno (Kyle) sonrió dejando ver su blanca y perfecta dentadura.

-Hola Christie – dijo. Me habría apostado hasta los calcetines de mi hermana a que él también se sentía atraído (al menos sexualmente) por ella.

-Bueno, te presento a Margott – dijo, después de que tras una pausa demasiado larga yo le diera un codazo para que siguiera hablando – Margott, éstos son Kyle y Derek. – Tras una prolongada mirada de Christie hacia Kyle, éste último dijo:

-Bueno, Derek… Yo voy con Christie a por bebida… - tartamudeó un poco –Tú quédate aquí con Margott, ahora volvemos – Ja.

sábado, 15 de enero de 2011

Nuevo Blog!

Bueno, quería comentar algo: He creado un nuevo blog y me gustaría que echarais una ojeadita:

http://altgrfreak.blogspot.com/

Toda la información está en ese blog y ya he publicado un regalito ^^
Esto no afectará al funcionamiento de este blog, aunque entre los deberes, los exámenes etc., no tengo mucho tiempo para escribir...

Espero que os guste, para principios de febrero intentaré tener publicado otro capítulo ;)

domingo, 2 de enero de 2011

Dos Bandos: Capítulo 3

3. Harta de que todo vaya como en las películas

            “No. No, por favor” pensé. Nunca había considerado la probabilidad de que esto me pasara a mí. Pero me estaba pasando, y no tenía ninguna gracia. Siempre que se libraba alguna batalla milenaria había un Elegido, o una Elegida, da igual. Y ahora me había tocado. Siempre había pensado que estas cosas eran geniales. Ahora que lo estaba viviendo, comprobé que me equivocaba.

            -Dime que es una broma – contesté al muchacho –. Yo no quiero ser ningún tipo de líder.

            -Pues no estoy seguro del todo – me contestó, ahora no tan jocoso, una vez había visto lo preocupada que estaba –, pero con Jamie pasó algo parecido.

            -¿Jamie es la rubia? – pregunté. Esto me hacía necesitar una explicación…

           -Sí – me aclaró. Luego hizo algo que me hizo volver a creer que teníamos súper poderes o algo – Te explico: Hasta ahora Jamie era la líder, aunque antes que ella hubo alguien más. Cuando Ellen se enteró, fue a hablar con esa otra persona, creo, y luego le dio la noticia a Jamie. Es la más joven del grupo; solo tiene 14 años, y es la única.

            -Explícame eso último – dije, un poco confundida. Esta vez respondió la pelirroja.

            -Hay un chico y una chica con nuestras Manchas nacidos en cada año entre 1976 y 1996, excepto en el 1980 y el 1990, que no hay nadie con nuestras Manchas, al menos que nosotros sepamos. Y nacidos en el 1976 están Ellen y el antiguo líder. Bueno, el antiguo líder hace tiempo que se fue… Hace año y pico. Y Jamie es la única persona nacida en 1996. Creo que contigo ya estamos todos, a no ser que sí que haya gente con Manchas nacida en el 1990 y el 1980.

            Demasiada información para cinco minutos. Me senté en un taburete, intentando asimilar todo lo acontecido en ese breve lapso de tiempo… Había llegado al Nido del Cuervo con la intención de aclarar una duda lo más rápido posible, y me había encontrado con que iba a tener muchísima más responsabilidad de la que esperaba. Era algo así como la Elegida, pero antes de mí ya había habido otros dos Elegidos… ¿Por qué? Fitzpatrick no podría ocultármelo si yo iba a ser tan importante. Sí, ese era el lado bueno.

            -Margott… - me llamó Fitzpatrick. La hora de la verdad había llegado. El tête à tête definitivo que, esperaba, resolvería mis dudas– ¿Puedes venir un segundo?

            Murmuré un casi inaudible “claro” y la seguí. Me llevó a una estancia contigua. Me habló en voz baja, mirándome a los ojos. Sus Manchas me causaron más miedo del que nunca hicieron.

            -Margott, tengo que comunicarte que, si la cosa sigue tal y como pinta, en el momento decisivo – genial, ni me decía qué era ese momento… - tú serás nuestra mejor arma.

            Entré en estado de shock. Eso era lo que quería decir la Elegida, la líder o lo que fuera. En una lucha, tendría que ir en la primera línea de ataque. Expresé mi asombro y desconcierto.

            -¿Qué? ¿Si la cosa sigue como pinta? Explícate, Ellen.

            -Mira… - empezó. ¿Era cosa mía o tenía muchas muletillas de estas? – Cuanto más rápido es el desarrollo de la Manchas, más poder se tiene cuando llega el momento. Hasta ahora, Jamie era la más desarrollada, y antes que ella, un hombre llamado Kirk. Pero ahora, con tu caso, se ha dado algo inesperado e inexplicable… ¡Has saltado periodos! En el caso de Jamie las Manchas crecían con una velocidad alarmante, y lo mismo ocurría en el caso de Kirk. Pero esto… Si tus Manchas crecen de manera que si alcanzas el último periodo en menos de dos semanas, lo más probable es que no aparezca nadie más poderoso que tú. Y no digamos si alcanzas el último periodo sin que tus Manchas lleguen al tamaño requerido… Me muero de curiosidad…

            ¿Ella se moría de curiosidad? No me imagino cómo describiría Fitzpatrick mis sentimientos en ese preciso instante… La miré asustada. Pero un minúsculo rayo de esperanza afloró en mi interior… Esto no era definitivo.

            Me levanté sin decir palabra y volví a la habitación contigua. La gente todavía estaba mirando, y una joven de unos veintitrés años con el pelo negro azabache me preguntó:

            -¿Y bien?

            -Dice que soy nuestra mejor arma, en el caso de que llegue a la tercera fase en dos semanas o menos – dije, mirando al suelo. ¿Por qué a mí? Esas personas me acababan de conocer, y seguramente ya tendrían prejuicios de mí. Todo el mundo permaneció callado. Nadie me quería consolar, y por lo que se veía, nadie pensaba presentarse u ofrecerme a que lo hiciera yo. Pero el chico que había roto el hielo después de que Fitzpatrick se llevara a Jamie, volvió a hacerlo esta vez. Decidí que me caía bien. Y me pregunté otra vez si es que o bien tenía todo el mundo la habilidad de leer la mete, o si era verdad eso del señor malévolo escribiendo en cartelitos todo lo que pasaba por mi cabeza.

            -Bueno… ¿Y no nos va a decir nuestra mejor arma su nombre? – hubo una carcajada general, pero sé que no lo hizo por dejarme en ridículo – Yo soy Eddie. Te toca.

            Sonreí y me presenté. Margott, dieciséis años, estudiante, recién metida en este mundillo... soltera. La cosa fue mejor a partir de entonces. Fueron presentándose, y a medida que me decían unos nombres, se me olvidaban otros.

De las treinta y pocas personas que había allí, me quedé con Brenda,  una muchacha de pelo color miel muy rizado, que me sonrió muy ampliamente y parecía muy amable, de diecisiete años (me la presentaron al final); con Jessica, la pelirroja que antes me había llamado a la atención, diecinueve años; con Pete, un chaval bastante pecoso y con el pelo rubio pajizo, gastaba pequeñas e ingeniosas bromas cada dos por tres, quince años; Terry, la morena que me había preguntado antes, veintidós años (casi acierto, justo como con Jamie); y obviamente, con Eddie, el muchacho de color con sonrisa extra-blanca, que tenía diecisiete años, al igual que Brenda.

 Pero también me llamó la atención otro muchacho, que no se había levantado de la silla en la que estaba sentado, con los brazos cruzados y mirada desafiante. Sus Manchas eran enormes. Pregunté a Jessica.

            -Ah – dijo, ensombreciendo la mirada. Me pregunté qué habría hecho el chaval para que Jessica estuviera enfadada con él – Ése es Erick Radon. Vive enfadado con el mundo. No le hagas mucho caso.

            -Pero… - al notar que le miraba, probó suerte para ver si era verdad eso de que las miradas mataban. Por fortuna, el refrán tenía razón. Incomodada, me giré - ¿Qué le pasa? ¿Siempre ha sido así?

            -Que yo recuerde, sí – esta vez fue Brenda, y lo dijo sin rastro de su espléndida sonrisa – No le hagas caso, en serio. No hace más que meterse en líos. No es buena compañía. En serio.

            Sentí el impulso de volver a mirar, pero no lo hice, por miedo a otra de sus miradas asesinas. Recordé que el radón es un elemento químico, un gas noble. Y muy radioactivo. Eso me dio un nombre para su mirada asesina: La mirada nuclear. Tenía que decírselo a Pete, le encantaría mi ocurrencia.

            Pero Erick seguía mirándome mal, y yo no podía evitar sentirme fatal, atacada de alguna forma. Decidí intentar seguir los consejos de mis compañeros y hacer caso omiso (en la medida de lo posible) al misterioso Erick Radon. Así que lo mejor sería evitar pensar en él, mejor empezar cuanto antes. Estrategia: Cambiar radicalmente de tema, algo que me interesara más.

            -Oye… - dije, intentando aprovechar el hecho de que todos los allí presentes seguramente sabrían más que yo - ¿Ellen os ha dicho algo sobre qué nos diferencia de los Otros? Aparte de las Manchas, quiero decir.

            Eddie frunció un poco el ceño, supongo que como muestra de descontento ante la poca información de la que disponíamos todos.

            -No – respondió, confirmando mis sospechas –, pero estamos empezando a dudar de ella… - hum, interesante – Pensamos recopilar toda la información que podamos. No sabemos gran cosa. Simplemente, que la mayoría estamos de acuerdo en que ese momento del que habla Ellen será una batalla. Lo que no sabemos es qué está en juego. Hay demasiado misterio en todo este asunto…

            -Sí – dijo Pete, dejando sus características bromas aparte – No nos dice ni cuándo, ni por qué, ni cómo… No sabemos nada de los Otros. Tan solo Jamie, Radon, Megan y otros pocos ven las Manchas de los Otros.  Pero ellos tampoco saben gran cosa.

            -Pues a mí me dijo que cuando viera las Manchas de los Otros estaría preparada – intervine. Caí en la cuenta, de que seguramente sería una mentira grande y redonda como el mundo. Tonta de mí… ¿Cómo podía haberla creído?

            -A ti, y a todos – dijo una joven con el pelo castaño que no me había llamado la atención, con Manchas muy grandes. Más tarde me enteré de que era Terry – De momento yo solo sé que las Manchas de los otros las vemos poco más oscuras que su piel. Y no es precisamente porque me lo haya dicho Ellen.

            Seguimos exponiendo nuestras dudas y teorías, pero no llegamos a ninguna conclusión. Estuvo bien comprobar que no era la única que pensaba que Fitzpatrick nos ocultaba lo que nos ocultaba por algún oscuro motivo. Teníamos que indagar para saber cuál era ese motivo.

Antes de que oscureciera, me marché a casa. Pete me acompañó, puesto que no vivía muy lejos de mi barrio. Estuvimos charlando alegremente, y casi hasta el final, no aludimos ni a Fitzpatrick ni a las Manchas ni a los Otros. Casi hasta el final. Tuvimos una idea, el esqueleto de lo que podría ser un buen plan si lo desarrollábamos debidamente, que comunicaríamos a los demás en cuanto pudiéramos: A la mínima oportunidad que tuviéramos, entraríamos en el Nido del Cuervo e investigaríamos en el despacho que Fitzpatrick tenía en el piso de arriba. Con suerte quizás encontráramos alguna carta escrita hacia alguien que sí sabía algo o incluso mejor, una especie de “manual” con todo lo que necesitáramos saber… Porque si no… ¿Cómo sabía Fitzpatrick todo lo que ella sabía y no nos quería contar? Debíamos averiguarlo…

No llegué tarde a casa. Lo típico: mis padres me preguntaron que dónde había estado, bla bla bla… ¿Respuesta? Una mentira más bien rechoncha, si es que no obesa:

-En la biblioteca, necesitaba información para un trabajo – ouch, mierda… Estábamos en el siglo XXI, existía internet. Arregla eso ahora mismo, Margott – Íbamos a hacerlo en su casa – eso ha sonado mal – pero no funcionaba internet… Cosas que pasan, ¿no?