martes, 2 de noviembre de 2010

Dos Bandos - Capítulo 1.1

1. El Negro

Maldito rímel. Eso pensé cuando vi las pequeñas pero nítidas manchas negras al rededor de mis ojos. Sin duda, el rímel se había corrido y yo ahora parecía un mapache. Sí. No cupe en mí de asombro cuando comprobé que el agua no distorsionaba ni un ápice el contorno de la mancha. El desmaquillante no las hacía desaparecer. Corrí a incriminar a mi hermana.

-¡Denny! - estaba en la cocina. Mi hermana mayor de 19 años estaba en la cocina. Mi hermana mayor de 19 años, responsable de esos círculos negros que me rodeaban los ojos, estaba en la cocina - ¿Qué coño le pasa a tu rímel? ¿Es que es tan sumamente waterproof, que no se va ni queriendo? - grité exasperada. Tenía que ir a clase. No podía aparecer con estas pintas.

-¿De qué hablas? - dijo, con inocencia - Ayer no tuviste problemas para desmaquillarte.

-¿Y entonces cómo se supone que explicas esto? - dije, remarcando el "esto" y señalando a mis ojos con el dedo índice. Para añadir efecto, puse mi cara a cinco centímetros de la suya.

-¿Se puede saber qué te pasa? - dijo, alzando una ceja. ¿Me tomaba por loca? ¿Acaso me tomaba por loca? - A tus ojos no les pasa nada. - Ya. A mis ojos. Mis párpados no son mis ojos. Y definitivamente les pasaba algo.

-Ya... - respondí, con más sarcasmo del que quizás debiera - Y que esto negro de aquí no se vaya ni con desmaquillante ni con agua es algo normal.

-¿Negro? - dijo. Efectivamente, me tomaba por loca. Pero... Algo en la boca del estómago me decía que no estaba bromeando. ¿Es que no veía las manchas? - Margott, lo único negro en tus ojos es la niña. Deberías dejar las historias de miedo por una temporada. En grandes cantidades, producen paranoia.

Me giré. Corrí al baño. Mi pelo rubio oscuro. Mis pómulos marcados. Mi nariz respingona. Mis ojos azules... enmarcados por irregulares formas negras. Todo eso aparecía en el espejo. Examiné cuidadosamente las manchas... ¿Dije irregulares? No, no tan irregulares. Demasiado simétricas para ser rímel corrido. Demasiado opacas para ser algún tipo de maquillaje. Estaban en mi piel pálida. "¿Son alucinaciones, Margott?" me dije. "¿Lo son?" Caminé de vuelta a la cocina, mirando mi reflejo en cada superficie que lo permitiera... Las manchas seguían ahí. Denny María Evergreen seguía en la cocina, untando mantequilla en una rebanada de pan. Ajena a mi preocupación.

-Bueno, Marg - me dijo, sin siquiera mirarme -, ¿Ya te has mirado en el espejo? ¿Has visto lo sumamente grandes que son esas cosas negras de al rededor de tus ojos? - añadió, más sarcástica de lo que me hubiera gustado.

-Ja, ja - decidí seguirle el juego en la medida posible -. Tenías razón. No era nada. Un lapsus temporal.

Me senté a la mesa. Obviamente, preocupada (porque me había vuelto loca. Porque veía cosas que los demás no veían. Porque esas cosas, a pesar de lo que dijera mi hermana, existían), pero intentando disimularlo. El extraño caso que ponía en duda mi salud mental no debía salir a la luz, al menos no de momento. No lo podía consentir. Comí rápidamente las dos rebanadas de pan con mantequilla y mermelada que preparé con el pulso tembloroso y bebí de un solo trago el Cola-Cao que me esperaba calentito en mi taza.
Salimos de casa a la hora exacta. ¿Qué pasaba? Pues que ese día, (miércoles, 13 de enero de 2010, 8:02 am) Margott Suzanne Evergreen se estaba volviendo loca y veía manchas negras de cerca de un centímetro de ancho al rededor de sus ojos, pero nadie en toda la calle, ni en todo el colegio, podía verlas. Eso es lo que pasaba.

Había una profesora nueva. En realidad, era una sustituta. ¿Adivinas qué tenía de raro? Efectivamente, también yo veía sus ojos rodearon por manchas negras, solo que estas de casi cinco centímetros de anchura máxima, llegándole casi hasta las comisuras de la boca. Ya te imaginarás el miedo que sentí. Pero no fue todo. Pasó lista: Adams, Yolanda; Benrose, Michael; Collins, Amanda; Creevey, Joshua; Davies, Amy... y Evergreen, Margott. Se quedó mirándome, quizás solo medio segundo más de lo normal, pero su mirada se posó más tiempo en mí que en ningún otro. Bueno, en mí y en Angelina Wood. Pero en mí también.

Empecé a sacar mis conclusiones...

A, uno, o primero: Puede que después de todo, no estuviera tan loca como creía.
B, dos, o segundo: La nueva profesora podía ver mis manchas. Quizás ella también estaba loca...
C, tres, o tercero: Teniendo en cuenta la conclusión anterior, se podía deducir que solo la gente con manchas podía ver sus manchas y las de los otros. O todos estábamos locos...

Y... eso era todo, por el momento.

Romanos por aquí, bárbaros por allá... La clase pasó, y yo no veía el momento de que llegara el recreo, para poder hablar con la profesora... ¿Cómo había dicho que se llamaba? Tendría que preguntar a alguien...

Una hora. Una hora. Cincuenta y nueve minutos. La clase de mates nunca fue tan larga.

¡¡¡RIIIIIING!!!

Salí pitando. Sala de profesores, sala de profesores... ¿Dónde coño estaba la sala de profesores? Y ahí estaba, con la puerta entreabierta, al final del pasillo. Un sprint final. Tenía que llegar YA. No podía esperar más. Necesitaba respuestas.

Menos mal que la profesora que buscaba estaba allí, porque con las prisas y los nervios había olvidado preguntar su nombre a cualquiera. Me acerqué, intentando ocultar mi nerviosismo. Había olvidado cómo se sentía una cuando veía las manchas tan grandes que tenía la profesora. Y también cómo era eso de que otra persona se me quedara mirando demasiado fijamente a los ojos. Bueno, un poquito más abajo: A las manchas de alrededor de mis ojos.

-¿Quieres algo? - me dijo. Ja. Como si no supiera lo que quería yo en ese preciso instante.

-Sí - respondí. Hum... ¿Demasiado escueto? - Quería hablar... A solas, a poder ser - Supuse que, si veía ella sus manchas aparte de las mías, captaría la indirecta.

-Oh, claro - dijo, cordialmente, con una chispa de suspicacia en la mirada - Salgamos a dar una vuelta al patio... ¿Te parece bien?

Asentí. Caminamos por los pasillos, sin decir nada, ni ella, ni yo. Salimos por la puerta principal, y con ello, esperé que la profesora comenzara a hablar, pero se paró y me hizo una seña. Me llevaba a un lugar más privado. La cosa iba en serio.

Cruzamos una puerta que yo nunca recordé abierta. Llevaba a un pequeño jardín, con hojas grisáceas y lleno de enredaderas de un tono melancólico que le quitaba la "magia" que debería haber tenido un lugar como ese, con sus fuentes y bancos de piedra que irían que ni pintados a las parejitas romanticonas que buscaran intimidad.. La sustituta se sentó en un banco de desgastada piedra gris, y me invitó a sentarme a su lado.

-Bien, Margott - estuve a punto de preguntarle cómo sabía mi nombre, pero luego recordé que hacía poco más de dos horas había pasado lista, y que seguramente se le habría quedado grabado el nombre de la muchacha de las manchas - Supongo que quieres respuestas sobre... Eso que tenemos tú y yo al rededor de los ojos, ¿Verdad?

-Efectivamente - respondí. Empecé por lo básico - Para empezar... ¿Cómo debería llamarlos?

Rió brevemente, supuse que por lo inocente e insignificante de mi pregunta.

-Puedes llamarlos como quieras, aunque claro, con un nombre en clave sería más fácil, ¿no? - contestó. Yo me había imaginado esta escena con más misterio y menos complicidad - Digamos... ¿Máscaras? ¿Manchas? No tienen un nombre específico.

-Bien... - ahora venía lo bueno - ¿Qué son? ¿Por qué nadie más que usted y yo las ve?

-Veamos... - empezó ella, mirando al frente - Puedes tratarme de tú. Y no sabría decir qué son con exactitud... Son algo así que separa a las personas en tres bandos... Los Nuestros, Margott, los que tenemos Manchas negras; los Otros, que tienen Manchas diferentes, ya te explicaré más tarde; y los ajenos a todo, que no tienen Manchas de ningún tipo. Las Manchas sirven para identificar cada grupo. Solo quienes tienen Manchas las ven.

Vale, entonces mi conclusión C era correcta. Pero una reciente revelación me dejaba una duda al respecto...

-¿Y los Otros? - dije - Yo no he visto a nadie de los Otros. ¿Ven ellos nuestras Manchas?

-A veces - contestó ella. Casi que me quedé como antes - Cuando llevas bastante tiempo viendo Manchas de los Nuestros, empiezas a ver a los Otros. Supongo que en su caso será igual. Cuanto más tiempo lleves con Manchas, más grandes son. Angelina Wood es de los Otros.

Muchas dudas resueltas en esa respuesta. Mi hermana no veía mis Manchas porque o bien era de los ajenos, o (ojala que no) era de los Otros. No sabía en qué nos diferenciábamos, pero prefería no estar en el bando contrario a mi hermana. Como mucho, que ella no tuviera nada que ver. Ahora tocaba la pregunta más importante...

-¿En qué consisten esos bandos?

Hizo una pausa. Con ello comprendí que era una de esas preguntas "de las que ya hallaré respuesta cuando llegue el momento". No me equivocaba.

-Me temo que no puedo decírtelo por ahora - contestó, confirmando mi teoría.

-¿Cuándo me lo podrás decir? - con esta gente es imposible razonar: Cuando quieren mantener el misterio, lo mantienen. En mi caso no fue una excepción. Vale, solo faltaba que a eso me respondiera con un "lo sabrás cuando estés preparada". Por suerte o por desgracia, no fue tan ambigua.

-Cuando veas las Manchas de los Otros - me aclaró -. Entonces estarás suficientemente iniciada como para comprenderlo todo. Como te he dicho antes, empiezas a ver las Manchas de los Otros cuando ya llevas un tiempo metida en el embrollo.

-¿Y no hay nada que debas decirme aparte de esto? - dije, confundida por la brevedad de nuestra charla - ¿Me dejo algo importante que preguntar?

-Puede... - dijo, con el aire misterioso que tanto he odiado siempre, que me hace sentir como en una película realmente irritante - Pero yo no voy a responder dudas que no tengas. Si te surge alguna y yo ya he marchado - garabateó una dirección en un trozo de papel y luego me la puso en la mano - pregunta por mí aquí. Quizás te entiendan mejor si me llamas por mi nombre de pila.

Una oportunidad genial para preguntarle su nombre...

-...que es... - dije, dejando la frase abierta para que la completara ella.

-Ellen - rió -. Y por si tampoco recuerdas el apellido, es Fitzpatrick.

Eso me creó una nueva duda...

-¿Tenemos súper poderes, tipo leer mentes y así? - dije, con ilusión. Siempre había querido ser una súper heroína, o algo por el estilo.

-Todavía no - dijo más seria -. Cuando llegue el momento decisivo, tendremos algo parecido. No puedo decirte qué: Ni siquiera yo lo sé.

Me ahorré preguntarle cuál era el momento decisivo, que seguramente enfrentaría a los Nuestros y a los Otros; porque las películas me habían enseñado, que esa pregunta siempre tiene la misma respuesta: "Lo sabrás cuando llegue el momento".

Ñiñiñi. Cuando llegue el momento. Las cuatro palabras que más odio.

¡¡¡RIIIIIING!!! Otra vez. Esta vez, para volver a clase. Ellen me acompañó hasta el laboratorio de biología, donde Christie Morgan me esperaba impaciente. ¿Que cómo lo sé? Pues porque nada más me sentara a su lado me dijo:

-¿Se puede saber dónde has estado durante todo el recreo?

Supongo que las amigas se mosquean si desapareces pitando y no vuelves en todo el recreo.